Por Ángela Lascano / @AngelaILD

Durante la audiencia general semanal, que tuvo lugar el miércoles 5 de enero, el papa Francisco criticó la decisión cada vez más extendida en la población mundial de no tener hijos. Su petición de apostar por la maternidad y la paternidad se enmarca en una época en la que varios movimientos consideran que el control demográfico es la única solución para frenar el cambio climático y el avance de la pobreza.

Algunos datos se relacionan con esta tendencia. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, durante el 2021 nacieron 74 millones de personas más y durante el 2022, la población mundial alcanzará 7 800 millones de personas. Sin embargo, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas calcula que para el 2022, habrá 7 900 millones de seres humanos sobre el planeta. Además, la entidad calcula que los índices de la natalidad para este nuevo año bajarán a 0,9%, mientras que en el 2020 se ubicaron en 1,06% y en el 2021 en 1,23%.

Mientras elogiaba la decisión de San José de criar a Jesús, el Papa calificó de “egoísta” la resolución de cientos de miles de personas de no procrear ni adoptar. Después de recalcar que “la paternidad y la maternidad son la forma máxima de amor”, señaló que son los hijos quienes velarán por el futuro de sus progenitores. Se lamentó entonces de que ahora perros y gatos ocupen el lugar de ellos. “Este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad”, advirtió.

Sin embargo, para grupos como el Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria (VHEMT), optar por criar mascotas en vez de tener hijos podría ser la decisión que asegure el futuro del planeta Tierra. Este movimiento, que considera a la sobrepoblación como la causa de la degradación ambiental y la pobreza, propone bajar a cero la tasa de natalidad mundial, a fin de provocar la extinción gradual de la raza humana.  

El movimiento subraya que no están a favor de formas violentas de exterminio, sino que pide que cada persona, voluntariamente, opte por no ser padre o madre. Para ellos, la extinción no solo permitirá la recuperación de la biosfera, sino que disminuirá las condiciones de hacinamiento y la escasez de recursos a medida que la población descienda. “Elegir abstenerse de producir a otra persona demuestra un profundo amor por toda la vida del planeta”, es la proclama del movimiento en su página web.

Pero este no es el único grupo que lucha contra el pronatalismo. La Alianza Nacional para la Paternidad Opcional, fundada en 1972, sostiene que elegir no tener hijos es una decisión de vida válida que debe ser apoyada y no juzgada. En un artículo publicado en la revista TIME, el grupo señaló que una vida libre de descendencia permite “conservar los recursos planetarios, superar el alto costo de vida y liberar a maridos y esposas para el activismo político y la búsqueda de estilos de vida libres”. Además de promulgar apoyo, la organización quiere generar conciencia acerca del problema de la sobrepoblación pero sin promover la extinción.

Ambos movimientos, aunque con fuertes diferencias en objetivos finales, sostienen que la crisis climática y la pobreza se solucionarían reduciendo la natalidad. En sus postulados no abordan temas como la desigualdad, la mala distribución de recursos o la diferencia abismal que existe entre países respecto de sus huellas de carbono. A raíz de esta omisión, estos grupos han sido criticados por olvidar otros problemas estructurales. 

El informe publicado por Oxfam-Intermón en septiembre del 2020, evidenció que la responsabilidad del cambio climático no es un resultado directo del crecimiento demográfico. El problema está en que tan solo el 1% de la población más rica del planeta emite el doble de CO2 que la mitad más pobre. Según los datos de Carbon Majors, desde 1998, 100 empresas han sido responsables del 70% de las emisiones de carbono. 

En las partes más pobres del mundo, donde se registran los niveles más altos de crecimiento demográfico, las huellas de carbono son las más bajas. 

Y si bien no existen cifras de la cantidad de adeptos que tienen los movimientos, se ha demostrado que la tendencia de no tener hijos ha aumentado en las últimas décadas. Por inestabilidad financiera, inquietud ante situaciones de violencia o, precisamente, por miedo a contribuir al calentamiento global, la tasa de fertilidad mundial -el número promedio de niños que da a luz una mujer durante su vida- decreció de 3,2 nacimientos por mujer en 1990 a 2,3 en 2021. Estos datos denotan que casi todos los países del mundo podrían ver sus poblaciones reducidas drásticamente para finales de siglo.

De esta manera y a pesar de las afirmaciones del papa Francisco, es notable el cambio en la visión de la paternidad y la maternidad durante los últimos años. Decidir tener hijos o no tenerlos es parte de los derechos individuales y reproductivos de cada persona, derechos que deben ser respaldados por políticas públicas de acceso a anticonceptivos y planificación familiar. Pero, por otro lado, proponer la reducción de la natalidad como la solución ante problemas ambientales y sociales es un asunto que aún continúa en duda y levanta polémica en todo el mundo. 


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