Por Jefferson Díaz / @Jefferson_Diaz

Los ciudadanos no deben rendir pleitesía a los gobiernos por hacer su trabajo. Exigir, desde un ministerio, en este caso la Cancillería de Ecuador, que las personas a las que deben servir firmen un descargo en el que, básicamente, si te pasa algo no me hago responsable, es un despropósito.

Y es un despropósito porque bajo un escenario de guerra activa lo importante es que el gobierno mueva todas sus piezas de manera efectiva para salvaguardar la vida de sus ciudadanos. Esto no es difícil de entender.

Pero nos encontramos con una Cancillería que peca de improvisada, con un canciller que podrá tener muy buenas intenciones pero su experiencia para el cargo deja mucho que desear; y que por esa improvisación se generan escenarios irreales donde una evacuación desde Ucrania, y los países aledaños, se convierte en un show de muy mala calidad.

“Pero es un escenario de guerra. Mucho hacen con ayudar”, sí, esa es la excusa. Ese es el razonamiento que parte de la construcción de políticas públicas hacia la diplomacia, hacia la migración, que no están actualizadas. Que no se preocupan por estar a la par con el cambio de los tiempos, por actualizarse, y que sólo se instalan bajo los intereses personales del presidente de turno.

No es un secreto que la Cancillería es una ficha política para cumplir con acuerdos que se adquieren cuando se es candidato y luego se llega al palacio presidencial. Y eso no es exclusivo de Ecuador, pasa en la mayoría de las cancillerías del mundo. Aunque no pierdo la ingenuidad de que algún día deje de ser así.

Porque así como la salud, la educación, la seguridad ciudadana y la economía son pilares fundamentales en la concepción de cualquier Estado; las políticas internacionales forman parte de ese entramado fundacional donde todos los engranajes deberían trabajar en equipo, y como piezas de reloj, para que sus ciudadanos puedan evolucionar en armonía

Sí, no quiero perder esa ingenuidad.

Diplomacia improvisada

Pero la realidad es que nos encontramos con una cancillería que no respeta sus propios protocolos. Y eso se siente no sólo en los ecuatorianos que viven en el exterior, sino también en los migrantes que viven en Ecuador. Donde es una pesadilla pasar por la telaraña burocrática que significa obtener una visa o que se termine de concretar un proceso de regularización prometido desde hace meses.

Donde nos jactamos de ser el país de América Latina que más refugiados reconoce, pero no ponemos la lupa en crear planes efectivos para la integración socioeconómica de esas personas. Ecuador es mucho más que un pedazo de tierra en este planeta para que la gente pueda vivir, es un conjunto de razones y motivaciones para que sus ciudadanos puedan salir adelante. Para que sus ciudadanos quieran regresar a aplicar lo que aprendieron en otras fronteras. Pero si lo que les brindamos es improvisación y prepotencia, ¿quién querrá devolverse?

Migrar es un derecho humano. Un derecho que los recientes gobiernos ecuatorianos se encargaron de estampar en la Constitución como un gran logro, pero lamentablemente esa “ciudadanía universal” quedó como letras impresas sin ningún valor, y se dio paso a una política migratoria del “no me importa, eso no me genera ganancia política”.

¿No genera ganancia política? ¿Ustedes saben cuántos descendientes de migrantes venezolanos, por ejemplo, nacidos en Ecuador, podrán votar en los próximos años? O, seamos más pragmáticos: ¿aún no entendemos cuánto se beneficia nuestra economía de las remesas que envían ecuatorianos desde Europa o Estados Unidos? No, claro que no se entiende. Porque si se entendiera, no haríamos un show de una situación que pone en riesgo a los ecuatorianos que salen de la guerra. Si lo entendieran, no se trataría a los migrantes en este país, desde los organismos gubernamentales, como ciudadanos de tercera categoría.

Pero eso no es prioritario. Lo prioritario es que la Cancillería y su canciller queden como los ‘salvadores’ y generar una matriz de opinión donde los ciudadanos a los que deben servir haciendo su trabajo, un trabajo bien especificado en las leyes del Ecuador, queden como malagradecidos e ignorantes que no entienden cómo funciona el mundo.

Los ciudadanos tienen deberes, cierto. Pero no olviden que esos deberes no son chivos expiatorios para que ustedes hagan lo que les dé la gana con nuestros derechos.


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Jefferson Díaz es periodista venezolano-ecuatoriano radicado en Quito. Trabajó para el diario Últimas Noticias y para los medios digitales VivoPlay.net y elestimulo.com, en Venezuela; y para los diarios La Hora y El Comercio, en Ecuador. 


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