Por Jefferson Díaz / @Jefferson_Díaz

Coherencia, una palabra que debería regir gran parte de nuestras vidas, que nos ofrece foco para conocer el contexto de un tema antes de emitir una opinión, que nos ahorraría muchos problemas, que debe ser parte del accionar político y social, y que evita la hipnosis que producen la retórica y la desinformación.

En las últimas semanas, a través de los medios de comunicación y redes sociales, la asambleísta Mónica Palacios se ha dedicado a dejar la coherencia de lado para emitir comentarios desacertados y fuera de contexto sobre la crisis humanitaria que atraviesa Venezuela, armada con notas de prensa que no presentan las diferentes aristas del problema y con una vehemencia y prepotencia que resultan ofensivas. Me permito, como venezolano, como migrante viviendo en Ecuador y como periodista, aclarar ciertas cosas.

No, la crisis humanitaria que padece Venezuela no es producto de un bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. Es producto de más de 20 años de políticas económicas ejecutadas por el chavismo que destruyeron al parque industrial y productivo venezolano. A esto se une la polarización y fanatismo que Chávez derramó sobre todos los pilares de la sociedad venezolana.

Básicamente, el lema del chavismo es: si usted está en mi contra, es un traidor a la patria. Sí, asambleísta, “un traidor a la patria”. No nos podemos quejar de las expropiaciones a empresas y propiedades privadas en Venezuela. No nos podemos quejar de la escasez de comida, medicinas y servicios básicos que azotan a mi país.

¿Quiere que le cuente cómo en 2016 pasé 12 horas en una fila tratando de conseguir pañales para mi hijo mayor en una farmacia de Caracas, asambleísta? ¿Quiere  que le explique cómo la mayoría de los venezolanos, ese mismo año, hacíamos maromas para conseguir comida? ¿Quiere que le cuente cómo pasábamos hasta tres días en una fila para conseguir gasolina?

¿Usted padeció eso mientras vivía en Estados Unidos, asambleísta?

Y no, asambleísta, Venezuela no se está arreglando. Venezuela está en un modo de supervivencia que ha obligado al régimen de Maduro a hacerse de la vista gorda ante ciertas restricciones económicas que ellos impusieron. Una dolarización de facto rige en mi país actualmente, pero solo un grupo reducido de la población tiene acceso a esas divisas mientras nacen burbujas económicas donde unos pocos viven como realeza y una gran mayoría trata de sobrevivir con dos dólares al mes.

¿Usted podría sobrevivir con dos dólares al mes, asambleísta?

Cuando hablamos de las sanciones de Estados Unidos, debemos ser claros y decir que están dirigidas a actores del régimen de Maduro involucrados en actividades relacionadas con el narcotráfico o con torturas sistemáticas hacia personas que se oponen a la pesadilla que tiene secuestrada a Venezuela. Actores que acumularon masivas fortunas en nombre del “socialismo del siglo XXI” a costa del sufrimiento de una población que ahora migra para conseguir esa estabilidad y paz que la “revolución bolivariana” les arrebató. Le recomiendo que lea el informe presentado por Michelle Bachelet, la Alta Comisionada en Derechos Humanos de la ONU, sobre las graves violaciones a los DDHH que se cometen en mi país.

Coherencia, asambleísta, esa palabra es clave. Y también, respeto.

Respeto para los más de seis millones de venezolanos que salimos de nuestro país cansados y obstinados de tener que vivir bajo la coerción de un discurso que usted apoya. Merecemos respeto porque mientras en Ecuador no sólo debemos lidiar con la xenofobia, la aporofobia, la falta de empleo, la falta de acceso a servicios básicos y la falta de estabilidad económica y social, ahora también debemos lidiar con autoridades del Estado, como usted, tratando de explicarnos cuál es la realidad de nuestro país en base a comentarios fuera de contexto.

Nadie huye de su hogar porque quiere, asambleísta. Usted, como representante en la Asamblea Nacional de los migrantes ecuatorianos, debería saber eso.


Otras columnas de Jefferson Díaz

Jefferson Díaz es periodista venezolano-ecuatoriano radicado en Quito. Trabajó para el diario Últimas Noticias y para los medios digitales VivoPlay.net y elestimulo.com, en Venezuela; y para los diarios La Hora y El Comercio, en Ecuador. 


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