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Kobanê, la tumba del Estado Islámico

Este 1 de noviembre del 2016, celebramos el Día mundial de solidaridad con Kobanê, el pueblo que resistió la violencia del Daesh en el 2014. Carlos Pazmiño dibuja un panorama sobre un conflicto que –a pesar de la victoria de Kobanê– mantiene al pueblo kurdo en una encrucijada a la que la sociedad internacional no le presta la atención que sí entrega, en cambio, a los asuntos que le conciernen a Occidente y a sus medios aliados.

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Milicianas de las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ) en Rojava (Kurdistán sirio). Foto: Resumen de Medio Oriente.

Por Carlos Pazmiño

En septiembre de 2014 el Estado Islámico o Daesh (acrónimo árabe que significa “el que siembra la discordia”) atacó salvajemente la pequeña ciudad kurda de Kobanê, ubicada en el norte de Siria junto a la frontera con Turquía, desplazando aproximadamente a 250.000 civiles. Mujeres y hombres, principalmente organizados en las Unidades de Protección Femenina (YPJ) y las Unidades de Protección Popular (YPG), batallaron metro a metro, casa por casa, contra el fascismo del Daesh durante 134 días. Contra todo pronóstico, armados con rifles ligeros, lanzacohetes, vehículos de combate de fabricación artesanal y una voluntad de acero, convirtieron Kobanê en un pequeño Stalingrado, la tumba del Daesh.

Contexto

Tras la I Guerra Mundial Occidente procedió a dibujar a su antojo las fronteras del Oriente Medio sobre un Imperio otomano derrotado y en decadencia. El Kurdistán que hasta ese entonces se encontraba dentro de los imperios otomano y persa se repartió entre lo que hoy conocemos como Siria, Turquía, Iraq e Irán. Desgracia o fatalidad táctica, los kurdos se convirtieron en el mayor pueblo del mundo sin un Estado.

Los Estados constituidos por Occidente se organizaron sobre una clase dirigente diferenciada étnica y religiosamente, Rojava (occidente para los kurdos) o Kurdistán sirio no fue la excepción. El Estado sirio gobernado por la familia al-Assad, primero Hafez al-Assad y ahora Bashar al-Assad, adscrita a la minoría islámica alauita, desde su arribo al poder en la década de 1970 han llevado a cabo políticas de asimilación étnica hacia los kurdos y otras minorías que habitan Siria. La tensión entre minorías y mayorías debido al carácter autoritario del Estado sirio, inflada por Estados Unidos y luego hegemonizada por el terrorismo salafista (corriente religiosa y política sunita extremista) desató en 2001 la Guerra Civil Siria.

En 2012 los kurdos de Rojava dieron el inicio a su revolución con la declaración de la autonomía democrática en el norte de Siria, aunque para muchos esta se inició en 2004 con una serie de revueltas populares contra el gobierno de Bashar al-Assad. Desde el inicio de la Guerra Civil Siria, los kurdos no tomaron partido por el régimen sirio o por la oposición, optaron por implantar en plena guerra un sistema revolucionario sostenido en el Confederalismo democrático, “paradigma-práctico” sintetizado por Abdullah Öcalan, líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). En el Confederalismo democrático convergen el pasado comunitario del pueblo kurdo y teorías distantes del marxismo ortodoxo, como el municipalismo libertario de Murray Bookchin, la crítica al poder de Michel Foucault, la lectura marxista heterodoxa de Antonio Gramsci, entre otras.

Desde 2011 en adelante, como hongos bajo la lluvia aparecieron y se multiplicaron por los tres cantones de Rojava (Afrin, Cizîr, Kobanê) los elementos de la revolución kurda: milicias integradas por mujeres y hombres en igualdad de condiciones, cooperativas económicas gestionadas por los trabajadores, instituciones administrativas controladas por la población, el trabajo silencioso que había empezado con la llegada de Öcalan y el PKK a Siria en 1980 estaba dando sus frutos. Sobre este proceso de único en Oriente Medio, el pasado marzo, durante una entrevista en algún lugar de Estambul (Turquía) un exguerrillero kurdo me compartiría lo siguiente: “en Rojava hemos puesto todos nuestros sueños, nosotros hemos organizado las YPG y YPJ”.

“No pasarán”

Septiembre 2014, el Daesh moviliza 10.000 muyahidines con dirección a Kobanê apoyados por fuego de artillería y vehículos blindados, conquistan rápidamente más de 300 pueblos aledaños a la pequeña ciudad kurda. Los civiles tratan de refugiarse en Turquía mientras la ciudad poco a poco va quedando en ruinas, resisten en su interior unos cuantos cientos de milicianos kurdos, el avance salafista parecía incontenible.

La coalición liderada por Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania bombardea varias posiciones del Daesh, sin embargo el combate en tierra lo llevan las milicianas de las YPJ y los milicianos de las YPG, apoyados por efectivos del Ejército Libre Sirio y 150 peshmergas provenientes del Gobierno Regional del Kurdistán Iraquí (un gobierno instalado con el visto bueno de Estados Unidos tras la invasión a Iraq en 2003, peón de Occidente en la región). La resistencia llega a instantes dramáticos -si hay algo que caracteriza a los kurdos es su disciplina y capacidad de autosacrificio-, algunas milicianas y milicianos se inmolan al verse cercados por los salafistas.

“Todos hemos pagado con sangre”, señalaba un kurdo originario de Kobanê que conocí en Madrid. Los mártires kurdos y árabes se cuentan por cientos, el Daesh es humillado, sufre casi 3.000 bajas, la batalla que había prometido ganar en unas pocas semanas se convirtió en su tumba. La voluntad y la moral militante de aquellas mujeres y hombres que pelearon en Kobanê pudieron contra todo el odio del Daesh, su determinación los volvió invencibles y su coraje un ejemplo para toda la humanidad. El 26 de enero de 2015, un alto mando de las YPG daba por terminada la operación de limpieza del cantón Kobanê, “la humanidad libre y la democracia habían triunfado”.

La promesa que se hicieron los republicanos españoles durante la Guerra Civil Española (1936-1939), de no dejar entrar al fascismo en Madrid la cumplirían los kurdos tras casi 80 años de la caída de la República. El Daesh no pasó, el fascismo, el patriarcado no pasaron.

Hoy 1 de noviembre del 2016, Día mundial de solidaridad con Kobanê se recuerda a todos sus mártires.


 

  • Aquí puedes ver el documental de RT Mujeres kurdas: en guerra contra el ISIS


Carlos Pazmiño (Quito, 1987) se define como marxista libertario. Es comunicador y sociólogo, estudioso de la cuestión kurda y de la violencia en Oriente Medio.