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Hala Madrid y Visca Barça. Los esnobismos del fútbol

El fútbol levanta pasiones y contagia sentimientos que, a veces, no entendemos muy bien. ¿Cuánto de esnobismo hay en quienes se reconocen hinchas de equipos extranjeros? ¿Hay acaso un verdadero fervor por lo que significan las ligas del fútbol europeo? ¿Que relación puede haber entre el fútbol de un Real Madrid y el de Liga de Quito, o entre el Barcelona Sporting Club y el Barcelona FC? Este relato de Anaís Madrid es casi su declaración de principios.

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Imagen tomada del sitio www.futbolete.com

Por Anaís Madrid / @anaistamara

“¿Te gusta el fútbol o solo te gusta el Real Madrid?”,“¿Por qué eres tan fanática del Real Madrid, por tu apellido?”, “¿Eres fan del Madrid o solo de Cristiano Ronaldo?”, “Es que si no eres de la Liga no eres madridista”, “Deberías ver el campeonato nacional”, “Escribes como si fueras española y vivieras allá”. 

Vivo a 8.835,55 kilómetros del estadio del equipo del que me declaro hincha, no tengo carné de socia ni puedo recitar los años de las once Champions porque apenas he visto las dos últimas. No tengo autógrafos ni fotos con los jugadores y he tenido que esperar hasta seis meses para poder comprar la camiseta original de mi equipo en mi ciudad de residencia. También debo decir que nunca he visto fútbol nacional y si me preguntan por la alineación de Ecuador, no sabré contestar. Soy partidaria de que se puede seguir a varios equipos, pero ser hincha solo de uno.

Cuando a Luis Suárez, el año pasado, se lo declaró Pichichi en España, o mejor dicho, máximo goleador de La Liga, leí un artículo sobre los esnobistas que se declaran hinchas de equipos cuyos estadios, seguramente, jamás conocerán o podrían conocer. Esos que cada fin de semana abomban las redes sociales con #HalaMadrid o #ViscaBarça para festejar goles lejanos, vistiendo las costosas camisetas de sus equipos millonarios. Un esnobista es el que imita (de manera exagerada) comportamientos e ideas que supuestamente se consideran distinguidos y elegantes. Pero en el fútbol ¿qué te convierte en un esnobista? ¿Acaso los camiseteros no son peores que los esnobistas?

El fútbol es universal y pasional. Como la música, la comida, el cine, y tantas otras cosas, es una cuestión de gustos. Las frases que abren esta nota me persiguen desde hace siete años, cuando decidí seguir a un equipo extranjero, sin antes haber elegido un equipo de mi ciudad.

Pienso que uno se hace hincha por varias razones. Seguramente, por las mismas razones que quiere entrar a una pandilla: por sentirse ganador en algún aspecto de la vida, por compartir su interés con un grupo de personas (sentirse entendido) o por seguir una moda. De la misma manera, pienso que uno tiene varias razones para fascinarse por un equipo: afinidades, colores, jugadores, etc. Hoy sabemos mejor que nunca que el fútbol es un negocio; no podemos ser tan ingenuos como para pensar que los grandes equipos no son marcas. Entonces, esto de hacerse hincha del equipo más bonito y poderoso sería muy fácil de explicar desde el marketing deportivo. Nuestros futbolistas son como el cacao: los exportamos a Europa para que se conviertan en un producto de lujo. El poder de las Ligas europeas es capaz de hacer espectáculo con la materia prima sudaca y eso es lo que nos encanta. De alguna manera son nuestros jugadores quienes nos llevan a hinchar a los equipos lejanos.

Nos encanta que sea febrero para escuchar el majestuoso himno de la Champions League a la hora de almuerzo y ver a nuestros jugadores en acción. Nos encanta mirar los torneos europeos porque incluso la imagen es más nítida y precisa. En la Champions, los colombianos son madridistas y los argentinos son culés. Nos separamos para volver a unirnos en el Mundial, cuando todos somos latinos. Siempre me pregunto cómo es que James Rodríguez luce más altivo con la camiseta del Madrid que con la de la Selección Colombia, o cómo es que Diego Godín parece más aguerrido con el uniforme del Atleti que con la celeste de Uruguay. ¿Será por las cámaras de alta tecnología o por los escudos de las camisetas?

De lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior, decían en una película. Sé que mi fanatismo selectivo de “me gusta el fútbol, pero solo me gusta lo más top” es como “me gusta comer pero solo helado”. Si el fútbol es universal y pasional no creo que comprar las entradas al estadio te haga más hincha que mirar los partidos por TV. No necesitas ir al estadio para aprenderte los cánticos, para celebrar o llorar. Aunque no de la misma manera, una derrota se siente leyendo la noticia o estando en el estadio. El estar fuera (o lejos) de los estadios quizá sea una frustración interna que llevamos algunos hinchas porque nos sentimos excluidos de las barras bravas.

El #HalaMadrid y el #ViscaBarça están muy lejos del registro de nacimiento. No escribo esto porque me sienta española; son frases de aliento popularizadas para identificar a los hinchas. Los equipos de fútbol no son patrimonio de las ciudades; son marcas, productos. La decisión de consumir o no un producto se fundamenta en gustos, y esos gustos en sensaciones. Y, por cierto, algo que nunca deja de sorprenderme es esa tendencia, totalmente esnobista de algunos quiteños, de armar grupos de equipos “afines” como Liga de Quito-River Plate-Real Madrid. ¿Consumidores del color blanco? Y el otro grupo: Barcelona Sporting Club-Boca Juniors-Barcelona FC. ¿Consumidores de todo lo opuesto al primer grupo? El odio siempre está de moda. Pero ahí es cuando la mayoría de gente se equivoca: declararte hincha del uno no te convierte en hater del otro. Y lo mismo: si me gusta el fútbol europeo no significa que viva despotricando contra el fútbol local.

Florentino Pérez es un genio del negocio deportivo; llegó a la presidencia del Madrid en 2000 con un solo objetivo: hacer dinero. Su mayor acierto fue definir al Real Madrid como un club universal: “El Real Madrid no tiene fronteras. El Real Madrid es de todos, universal, sin distintivos de nacionalidades, de culturas, de lenguas o de religiones. El Real Madrid es un sentimiento que nos une, nos vincula y que nos identifica”. En el mundo hay más de 2 000 peñas madridistas; la página web del equipo reconoce cerca de 150 peñas extranjeras; las más populares de América son Los profetas, de Nicaragua y Real Madrid Cafeteros, de Colombia. Estados Unidos, México, Suiza, Francia, China, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos son los países que registran mayor número de peñas oficiales. Den por hecho que esto se debe a la fama que han acumulado jugadores mediáticos como Zidane, Ronaldo ‘El Fenómeno’ y ahora CR7. Un hito en el marketing deportivo.

En Ecuador no hay peñas, pero creo que las tendencias que registra Twitter en días de partido dan cuenta de la cultura esnobista: por ejemplo, el pasado 26 de febrero, partido Villareal – Real Madrid, jornada 24 de la Liga Santander, un encuentro aburrido contra un equipo whatever, que no definía nada importante, generó diez tendencias sobre el equipo blanco. El Barça logró algo similar con el partido en el Vicente Calderón ese mismo día. A esto hay que sumarle la demanda de reservas en restaurantes de Quito cuando hay Clásico y final de Champions. Si no me creen, este 23 de abril, cuenten cuántas personas ven en las calles de Quito vistiendo las camisetas de los grandes de España.

Hay algo muy curioso que no puedo dejar de mencionar: hablar de hinchas es hablar de herencia. Manuel Vilas, en el poema “Real Madrid”, cuenta que cuando era niño, su tío Víctor le compró el uniforme blanco y le habló de “nombres legendarios” como Amancio, Santillana y Pirri. El madridismo le vino con historias y regalos de la infancia; una historia muy pura que en mí no se repitió. Aunque mi padre se apellide Madrid es hincha del Aucas y simpatizante del Atleti, mejor dicho, es absolutamente opositor al negocio del fútbol encarnado en el Real Madrid de Florentino Pérez. El madridismo no me viene de mi inscripción de nacimiento. Nadie me inculcó el gusto por ningún equipo, pero mi apellido es una agradable coincidencia. El fútbol no es palpable; aunque el hincha intente materializarlo en una camiseta, en un llavero o en un estado de Facebook. Esnobistas los mesiánicos y ronaldistas, que viven del ahora, y enterrarán a sus equipos cuando estos dos se retiren de las canchas. Yo me quedo con el fútbol bonito y los dribblings de un equipo lejano al que sigo a tope.

Imagen tomada del sitio oficial del Real Madrid.